Radio Rojas

Automovilismo

A 50 años de la muerte

de Juan Gálvez, uno de

los más grandes del

Turismo de Carreteras

El 3 de marzo del año 1963 en un trágico accidente que se produjo en la vuelta de Olavarría dejaba de existir uno de los más grandes pilotos de la historia del Automovilismo argentino, a quien recordamos hoy con su trayectoria y a través de las palabras del rojense Teodoro Vega, quien vivió muy de cerca la carrera del competidor

Hace cincuenta años, medio ciclo, que el Automovilismo argentino perdió a uno de sus más grandes pilotos de toda la historia, fue el 3 de marzo del año 1963, cuando un fatídico accidente se llevó la vida de Juan Gálvez, en lo que significó una pérdida irreparable para del deporte motor nacional, hoy recordado en diferentes homenajes en todo el país, siendo su nombre, junto al de su hermano, el que se escribe en lo más alto del autódromo más importante del país.
Entre 1949 y 1960 obtuvo nueve campeonatos, algo que marca claramente por qué Juan Gálvez fue el más grande del Turismo Carretera. A pesar de su extraordinaria cantidad de éxitos, ocurrió con él una cosa muy curiosa: nunca pudo convertirse en un ídolo de multitudes, como sí lo pudo ser su hermano Oscar. Fue la figura máxima de la categoría en toda su historia, el más grande todos. El próximo domingo se cumplirán cinco décadas de la muerte de Juancito, diecisiete días después de haber cumplido 47 años. Fue en la Vuelta de Olavarría, cuando su coche lo despidió luego de dar cuatro o cinco tumbos. Tenía un miedo tremendo de morir quemado y a raíz de eso jamás utilizó el cinturón de seguridad. Tres años antes, a raíz del fatal accidente que le costó la vida en Chivilcoy al pehuajense Jorge Farabollini, había pronunciado la siguiente reflexión: “No es trágico morir haciendo lo que a uno le gusta”.
El 3 de marzo de 1963 comenzaba la temporada, con la prueba de Olavarría. Uno de las meses más tristes de la historia del TC, como lo había sido el 14, pero de 1953, con la muerte de Eusebio Marcilla. “Juan, ¿para qué vas a ir a Olavarría? Es hora de largar. Se vienen muchachos más jóvenes, con gran polenta. Pero como siempre, no me contestó. No dijo ni una palabra y fue hacer lo que quería, correr”. La frase pertenece a Oscar, el hermano mayor. Juancito tenía una espina: quería ganarle a los Emiliozzi, en sus pagos. A las seis de la mañana de ese domingo, ya estaba desayunando. Luego salió a recorrer con un amigo el tramo de barro (el sábado había llovido muchísimo). A las 10 en punto partió La Galera de los gringos, luego Ríos, Saigós, Meunir y Juan.
En la primera vuelta pasó a los tres que le precedían y comenzó a ver la cola de Dante Emiliozzi.
Ya ganaba por 1m 46s. Pero el Tano descontó en el segundo giro, aunque muy poco. Algo más adelante, en una curva “ese” del Camino de los Chilenos, el Ford se fue de cola, dio varias vueltas, y lo despidió. Su acompañante, Raúl Cottet, se salvó milagrosamente.
El piloto de Atma (un verdadero símbolo publicitario en toda su carrera, junto a un número “obligado”, casi habitual: el Nº 1), puso el sello ganador también en Junín, en la Segunda Vuelta del Oeste, el 22 de junio de 1958. Fue un extenuante trazado de 889 kilómetros, entre el Puente Morote, Blandengues, L.N. Alem, Vedia, Arenales, La Pinta, Arribeños, Ferré, Trinidad, La Beba, Ascensión, Tiburcio, Agustín Roca y Junín. Triunfó en 7h 04m 24s, a un promedio de 122,824 kph., aventajando a Marcos Ciani y Raimundo Caparrós. Pensar que ahora el TC corre apenas una hora, un diez por ciento de aquellas distancias, en autódromos de máxima seguridad, y los pilotos suelen bajarse del auto como si hubiesen combatido en una Guerra Mundial.
Como rara ironía, Juancito se mató en el único accidente que tuvo en su carrera. Y fue, precisamente, en los años donde el Turismo Carretera insinuaba aires de renovación, cuando muchos volantes se mostraban escépticos de los cambios que se venían. La historia de la categoría no muestra ninguno igual que él. En base a triunfos y campeonatos (56 y 9, respectivamente), se erigió en una verdadera leyenda, en un clásico referente de toda una época, marcada por su visión de mecánico empedernido y una magnífica exposición de piloto artesanal.
Como dijo alguna vez el periodista Roberto Berasategui: “Juan husmeaba los reglamentos y veía la oportunidad donde para el resto sólo había espacios en blanco entre cada artículo”, para agregar enseguida: “El gran protagonista de aquellas epopeyas era él. Juancito. Para muchos, el hermano de Oscar, el que también cautivaba a multitudes no sólo por su extraordinario manejo, sino también por una personalidad llamativa, el de las anécdotas acompañadas por los ampulosos ademanes. Un gran contraste con su hermano, Juan, el de la cabeza gacha, la sonrisa tímida y sólo la mano en alto tras las grandes victorias que demandaban miles de kilómetros”.
Tenía una personalidad totalmente opuesta a la de su hermano, que era “bocón”, repleto de bullicio: cerrado, introvertido, de escasas palabras y sin el carisma impresionante de Oscar. Juan lucía siempre impecable, con una vida ordenada, coherente y cerebral, casi igual que arriba del Ford. Triunfó en diferentes superficies: montaña, llanura, ripio, autódromos, etapas y Grandes Premios. Y como si todo eso fuera poco, le agregaba una cuota extra de categoría en materia de supervisión mecánica, la que corría por su cuenta.
Según definen los números, fue un grande total, un icono irrepetible, un adelantado para la época. Participó en 153 competencias, de las que ganó 56 de ellas. Fue segundo en 27, tercero en 7 y abandonó en 40. En buen romance: primero o nada. Es muy difícil que alguien lo supere, mientras la ACTC continúe con su política de “castigar” a los repetidos ganadores, en aras de preservar la competitividad, el espectáculo y el marketing, pero sacrificando potenciales ídolos.
A los hermanos Gálvez se los solía vincular con el gobierno peronista, algo que ni ellos mismos desmentían. Sin embargo, cuando Oscar fue desclasificado en el último tramo de la Buenos Aires- Caracas (1948) en momentos de tener el triunfo casi en la manga, el Aguilucho llamó por teléfono a Juan Domingo Perón para pedirle su intervención, cosa que el General desestimó. También existían otros comentarios relacionados con las supuestas “ayudas” que recibían del justicialismo.
No obstante, en el caso de Juan, derrocado Perón, siguió sumando carreras y campeonatos, al extremo que luego de 1955, consiguió 28 victorias y 5 títulos. Se comprobó, entonces, que no existían favoritismo, ni colaboraciones extras, sino un gran piloto de perfil bajo, muy veloz y un mecánico de excepción.
En rigor, la figura de Juan Gálvez no le resultaba atractiva a los aficionados juninenses. Le atribuían una enemistad personal y una rivalidad deportiva con el ídolo local, Eusebio Marcilla, algo que lo desmienten diversos testimonios gráficos, donde se los ve juntos, cenando o tomando una gaseosa, luego de cada carrera o etapa de un Gran Premio. Aun cuando no se conoce personalmente a un individuo –es el caso de las personas famosas– la mayoría de la gente tiene una opinión formada sobre si le caen bien o mal. El piloto de Ford era un personaje que tenía cierta fama de antipático. Más allá de esos rasgos, que sus amigos juraban que se trataba de timidez, el público ha torpedeado tanto esta cuestión, que finalmente ayudaron a crear un personaje desagradable a ojos de la mayoría de la población.
Otra cosa que ayudó a la antinomia Gálvez-Marcilla entre los aficionados juninenses fue política. Uno alineado con el peronismo, el otro no. Eusebio debió padecer la persecución de los alcahuetes de turno de un gobierno que no toleraba el disenso, un calco exacto de lo que ocurre actualmente. Pero él, sin estridencias y sin protestas, contestaba con el silencio, con el trabajo artesanal, con el amor a su pueblo, con una dignidad estremecedora. No le importaba que desde las radios partidarias, Luis Elías Sojit, los hermanos J.J. y Eduardo D´Agostino, Pedro Fiore y Luis García del Soto, entre otros, ignoraran olímpicamente sus actuaciones, nombrándolo apenas por el número de la máquina. Cosas bravas le pasaron. Sin embargo, nunca se quejó. Tampoco descalificó a sus detractores. Se doctoró de “Caballero” mucho antes de aquel fatal accidente de Urrutia.

El recuerdo de Teodoro Vega

Teodoro Vega es conocido en la ciudad por su larga trayectoria como mecánico de autos, de autos de calle y de autos de carrera, como los que cada fin de semana veían subirse al recordado Juan Gálvez, una persona con amplia ligación con Rojas.
Gálvez tuvo su agencia de automotores en la ciudad, participó de numerosas comidas con personalidades de nuestro pueblo y hasta pensó en radicarse en estos pagos.
Precisamente uno de esos personajes de la ciudad que compartió gratos momentos con Juan Gálvez es el propio Teodoro Vega, quien nos visitó en la redacción de El Nuevo para relatarnos algunas de las anécdotas junto al campeón, además de hablar de lo que fue su propia ligación con el automovilismo deportivo.
“Aca estamos comiendo un asado con Juan Gálvez y Alberto Iglesias que en ese momento era mi socio, en el año 1958, al poco tiempo después Juan compra la agencia Ford de Rojas. Gálvez trajo a la concesionaria de la ciudad al señor Arturo Rico, que era el gerente de la misma, entonces entramos en una amistad y estábamos siempre juntos e íbamos a las carreras, que justamente en ese momento pasaba por la ciudad”, comenta Teodoro Vega haciendo referencia a una de las tantas fotografías que acercó hasta nuestra redacción.
Vega recuerda que “Juan Gálvez fue un señor, Oscar también, marcaron una época, comíamos. Juan se mató corriendo en la vuelta de Olavarría, con él nos juntábamos siempre en todas las carreras, ellos eran los campeones, para ser así hay que reunir todas las condiciones y ellos las tenían, eran muy capaces los dos hermanos.
También eran excelentes personas, agradable, en el gran premio del ´59, como otra anécdota, hacíamos la hoja de ruta y el auxilio nosotros, estuvimos en Catamarca y al otro día a Tucumán por una parte alta llamada Mina Capillita. A Juan se le rompió la manguera de agua y lo pasó Alzaga y ganó el gran premio.
Había muchos amigos, muchos ya no están, vivimos momentos muy agradables, muy lindos”.
En referencia a la ligación que tuvo Juan Gálvez con nuestra ciudad el conocido mecánico rojense, hoy abocado a la venta de repuestos de camiones, señala que “no recuerdo si Juan Gálvez compró la agencia en el ´58 o ´59, y duró hasta que el sufrió el accidente donde perdió la vida, ahí se terminó todo.
El venía a Rojas porque tenía un cariño especial por la ciudad, decían que se iba a venir a vivir acá, le gustaba un montón, además los negocios le iban muy bien, vendían muy bien.
El negocio lo atendía el gerente, Rico, después había personal, estando a cargo del taller Pascual Platel, otra excelente persona”.

La historia de Teodoro Vega con los autos de carrera

En la charla que mantuvimos con Teodoro Vega, el mecánico nos cuenta su trayectoria junto a los autos de carrera. “Precisamente sobre lo que eran los grandes premios nosotros en el año 1964 le hicimos un auto totalmente nuevo a Rolo Alzaga, un señor que venía de la Capital Federal. Se lo armamos con Pocho Rondeli de Pergamino y yo lo pude acompañar diez carreras.
Alzaga compró todos los repuestos, los trajo a Rojas y se lo armamos nosotros, para correr en el viejo Turismo Carretera, donde anduvimos bastante bien, porque fuimos segundos en la vuelta de Salto, donde estuvimos a punto de ganar pero se nos pinchó una goma y ganó Di Palma, después terminamos terceros en la vuelta de Rojas, cuarto en la de 9 de Julio y séptimos en la de Pehuajó, después el auto se rompió, fue un año que corrimos con ese auto”.
Según relata el amigo Vega “los costos para hacer el auto siempre fueron elevados, pero Alzaga era una persona de buen poder adquisitivo y no le costaba, muy diferente a aquellos que lo tenían que hacer a pulmón como se dice generalmente.
Nosotros lo hicimos porque primeramente a Alzaga le hacíamos el auxilio en las carreras y después tuvo un gesto de caballeros de llevarlo a mi socio, que estaba enfermo, a internarlo a Capital Federal, lo tuvo como un mes en el hospital y pagó todo él, entonces cuando mi socio se compone y anda mejor, nosotros sabíamos que Alzaga tenía necesidad de armar un auto, entonces bajo la dirección técnica de Rondeli generamos amistad con él e hicimos el auto”.
“Del Turismo Carretera de aquella época a lo que es hoy todo es muy distinto, porque hoy es todo profesionalizado, es hermoso, muy lindo, pero son dos cosas completamente distintas. Por señalar una cuestión nosotros corríamos con una cubierta que era de marca cinturatto Pirelli, que para aquella época era una cubierta especial, que hoy es usada por los coches de calle, totalmente distinto todo, más allá de eso las velocidades que alcanzaban los autos era muy importante, llegaban a dar entre 180 y 200 kilómetros, pero estamos hablando que se corría en camino de tierra, era riesgoso.
Como anécdota, en la carrera que largamos en 9 de Julio hacemos la primera vuelta, bajamos del pavimento a la tierra y se entraba en una recta de unos 40 kilómetros, eso era a fondo, había un lomo de burro que era la vía, que es donde los coches volaban, por eso es que envuelto en la tierra venía detrás nuestro José Manzano, el mendocino que corría con Chevrolet y venía ganando, ahí a nosotros se nos pincha una goma y veníamos parando para cambiarla, pero envueltos en la tierra como veníamos no nos vio y nos chocó de atrás, nos rompió toda la cola del auto, en tanto él rompió toda la trompa y abandonó, pero nosotros seguimos y terminamos cuartos, con el auto todo roto”, relata como anécdota.
Tal como sucedió a lo largo de la historia, como sucede en la actualidad y como de seguro seguirá sucediendo, en Argentina la pasión por los fierros tiene grandes similitudes como la que existe con el fútbol, pero de manera diferente, con un detalle no menor, que en los autos ni se conoce de violencia.
“Iba mucha gente a las carreras –afirma Vega-, los lugares donde corríamos se llenaban, la misma pasión de ahora, a la gente le gustaba las carreras de autos, iba y pasaba el día con la familia. Se hacía cada quince o veinte días, todo el sábado y domingo, aunque cuando había que trasladarse a otras ciudades nos íbamos el jueves o el viernes a la mañana. Nosotros tuvimos la suerte de estar con el señor Alzaga que no se fijaba en lo económico y atendía bien a su gente, era una gran persona.
Cuando este señor se va al equipo Ford, cuando salieron los falcon, dejó la cupecita de lado y se integró al equipo Ford, en el año ´65”.
Teodoro Vega admite que “ahora me sigue gustando ir a las carreras y siempre voy a todas las que puedo, es un espectáculo hermoso, sigue habiendo la misma pasión de antes, cambiaron los tiempos, cambiaron los autos, la modalidad, pero a la gente le gusta, siempre los circuitos están llenos y en todos lados”.
“En mi vida el automovilismo es una pasión, como el que le gusta el Fútbol u otra cosa, siempre de chico me gustaron los fierros y a los quince años empecé a trabajar con Luis Scardino, un famoso mecánico de Rojas, después a los veinte años me independicé con este señor Iglesias, hoy tengo todas las instalaciones de cuando tenía el taller, pero ahora me dedico a vender repuestos de camiones, sigo trabajando”, completó Teodoro Vega, un apasionado por los autos, quien mejor para recordar al gran campeón que nos dejó hace ya cincuenta años, medio ciclo.

Habrá un homenaje en la Plazoleta

Un grupo de vecinos amantes del automovilismo, encabezados por Horacio Mori y Rodolfo Platel, estará llevando adelante en la mañana de hoy, con el apoyo del gobierno local a través de las direcciones de Deportes y Recreación y Producción y Turismo, un homenaje al recordado piloto Juan Gálvez, a 50 años de su fallecimiento.
Durante la semana los vecinos generadores de la propuesta se reunieron para delinear algunos aspectos en torno de dicho homenaje en nuestra ciudad en la sede municipal junto a Pablo Molina y Alberto Cueto, a cargo de las carteras municipales que se sumaron a la propuesta. Y se decidió que el homenaje
tenga lugar en la plazoleta que lleva su nombre, en barrio San Martín, a las 10.30 horas.
En el lugar se descubrirá una plaqueta en reconocimiento a la trayectoria de Gálvez, quien justamente tuvo un lazo directo con Rojas ya que residió aquí durante unos tres años en la década de sesenta, tras comprar la agencia Ford que funcionó en las esquinas de Kennedy y General Perón.

Más datos de Juan Gálvez, un gran del automovilismo

Juan Gálvez nació en Buenos Aires el 14 de febrero de 1916 y murió en Olavarría un 3 de marzo de 1963. Fue un piloto de carreras de Argentina, hermano del también piloto Oscar Alfredo Gálvez. Empezaron a correr juntos en Turismo Carretera pero después compitieron en diferentes vehículos.
Gálvez hizo su debut en las 1000 Millas del Automóvil Club de Avellaneda el14 de diciembre de 1941, finalizando como escolta del vencedor, Juan Manuel Fangio. La primera victoria llegó el 22 de febrero de 1949, en la I Vuelta de Santa Fe. Ganó nueve campeonatos de Turismo Carretera: 1949, 1950, 1951,
1952, 1955, 1956, 1957, 1958 y 1960.
Su última victoria fue en la IV Vuelta de Laboulaye (1962), a bordo de un  Ford. Falleció en la prueba de Olavarría de 1963 a los 47 años, en el que fue el único accidente de su carrera. En 13 años de automovilismo participó de 153 carreras, venciendo en 56 oportunidades.




“Juan Gálvez fue un señor, Oscar también, marcaron una época, comíamos. Juan se mató corriendo en la vuelta de Olavarría, con él nos juntábamos siempre en todas las carreras, ellos eran los campeones, para ser así hay que reunir todas las condiciones y ellos las tenían, eran muy capaces los dos hermanos”.